Hatshepsut fue una de las pocas mujeres farón que lograron gobernar el Antiguo Egipto con un poder absoluto. Con una gran astucia política y un coraje excepcional, desafió las normas sociales de la dinastía XVIII y rompió los cánones tradicionales sobre los roles de género en la antigüedad.
En el tercer reinado de la dinastía XVIII, Tutmosis I y su esposa, Amosis, tuvieron una hija, Hatshepsut. Se dice que esta heredó de su padre la resolución, determinación y coraje que él tenía. Siendo joven Hatshepsut, se casó con su hermanastro Tutmosis y tuvieron una hija, Neferure. La muerte de Tutmosis I daba paso al nuevo rey, Tutmosis II, pero las inscripciones formales daban preeminencia a Hatshepsut, como hija del fallecido monarca, hermana y esposa del rey.
Tutmosis II reinó sólo dos años y a su fallecimiento, el heredero era Tutmosis III, pero Hatshepsut impuso su regencia como algo esencial. Al principio, la reina se refería a sí misma como "gran esposa del rey", pero tras un breve espacio de tiempo, empezó a adoptar más explícitamente títulos reales como "señora de las Dos Tierras", una versión femenina de uno de los tradicionales apodos de la realeza. Para realzar su posición realizaba actos asociados tradicionalmente a la realeza, como la construcción de obeliscos y la creación de relieves de tempos que la mostraban realizando ofrendas directamente a los dioses.
Tras siete años como regente, Hatshepsut decidió sumir el pleno estatus real. Para ello, adptó los tradicionales cinco títulos de un monarca egipcio y se hizo retratar en relieves luciendo la vestimenta masculina de soberano. Hatshepsut hizo uso de la institución de corregencia de quinientos años de antigüedad para hacerse coronar reina sin necesidad de desposeer a Tutmosis III y arriesgarse a una guerra civil. De este modo, venció por la fuerza de su astucia y tuvo un poder sin precedentes que consiguió mantener gracias a que se rodeó de funcionarios dispuestos a apoyarla.
Otro de sus puntos fuertes fue la fuerza propagandística con la que manejó al pueblo. Se presentó como liberadora frente a los hicsos, llegando a reescribir la historia en su favor, de manera que quedase legitimada su posición. Consiguió ser aceptada no solo por el pueblo, sino también por el legítimo heredero del trono que no se levantó en armas y no reinó hasta que Hatshepsut murió.
El cargo de la monarquía era intrínsecamente masculino, de modo que los títulos e imágenes de Hatshepsut tenían que contrarrestar la cuestión de su sexo utilizando epítetos y atributos de los dos géneros. Se llevó a cabo una campaña propagandística en la que se reescribió parte de la historia para legitimar su posición, se hizo presentar como heredera consagrada de su padre.
Se desconoce la muerte de Hatshepsut, aunque es probable que falleciera de muerte natural. Finalmente le sucedió Tutmosis III, quien continuó ampliando y decorando muchos de los templos de Hatshepsut. Así pues, tenemos el caso de una mujer que se mantuvo más de veinte años en el poder, durante los cuales su país gozó de relativa tranquilidad y prosperidad.
Hatshepsut poseía claramente determinación para no detenerse ante las dificultades culturales y de lucha de poder que tuvo que superar. Demostró coraje teniendo claro sus objetivos y los medios que debía emplear para evitar una guerra civil, esto también denota una visión estratégica y capacidad de planificación. Además de gran astucia, ya que al saber utilizar los tradicionales cinco títulos de un monarca egipcio evitó provocar revueltas entre su pueblo. Por ello, rompió todos los cánones establecidos en cuanto a la concepción de la organización política.